domingo, 21 de diciembre de 2008

Metrópolis. Impresiones


¿Dónde habitan, padre, las manos que levantaron esta ciudad?
¿A qué mundo pertenecen? ¿Al subterráneo?

¿Cuánto tiempo son diez horas, padre?

Estas frases, no pronunciadas, pero sí dichas, por Freder (Gustav Frölich) en Metrópolis de Fritz Lang, revelan un buen inicio. Hacen prever un desarrollo de los hechos que necesariamente se asentará sobre la lucha de clases.

Pero impera esta otra:

El mediador entre el cerebro y las manos es el corazón.

Esta sentencia condensa el mensaje de la película. Conciliación de clases. Al parecer, el cerebro es el capitalista, las manos ya sabemos quiénes somos, y el corazón es la iglesia. Bonita mediación. Ya vemos quién sale ganando...
Dejemos el marxismo para Los compañeros, aunque de allí también salgamos derrotados.
Pero ya se sabe quién saldrá triunfador en la lucha final.

Derrotado

Vengan, muchachos, a cantar la derrota,
que todo el desorden ha dado sus frutos.